MITOS FOLCLRORICOS

LEONICARMO
EN ESTA PRIMERA OPORTUNIDAD NOS DETENDREMOS EN LOS MITOS QUE PRESENTA BOYACA DE cOLOMBIA.
José Angél Alegre nos regala sobre los mitos,
¿Qué tienen estos relatos, que han resistido el paso del tiempo, y que han atrapado a hombres de todas épocas y culturas?, ¿en donde se encuentra el hechizo que nos hace volver a ellos?, ¿en sus aventuras, en el carácter de sus personajes, en la fantasía y la imaginación de sus historias, en los finales felices o trágicos, en las relaciones humanas que describen, en los sentimientos que los impregnan, en la paradoja de su sencillez y complejidad, en su combinación de lógica e irracionalidad?
Por ellos circulan niños ingenuos, jóvenes atrevidos, hombres y mujeres de toda condición, ancianos sabios; gigantes descomunales, titanes esforzados y héroes valientes; lugares irreconocibles, pueblos, aldeas, y ciudades de fantasía, cielos e infiernos, templos y grutas plenos de energía; fuerzas de la naturaleza, ríos, fuentes, vientos, cavernas, aguas, mares y árboles que cobran vidas inusitadas; animales y monstruos inimaginables; hadas, gnomos y brujas; tiempos originarios y remotos; divinidades, fuerzas ocultas y dioses, poderosos, caprichosos, compasivos, impulsivos, respetuosos, calculadores, emotivos, desplegando sus fuerzas y creando "los campos del bien y del mal" en el juego de la vida.
¿Son realmente verdaderos su atracción y su poder de seducción, o son sólo una ilusión, una moda pasajera, como las muchas que ponen en circulación la sociedad globalizada y el mundo de la imagen, reciclable a capricho en el momento conveniente para aumentar los ingresos de taquilla?
¿Será verdad que la vida de los cuentos se acaba con el final de la infancia, arrinconados en el baúl de los recuerdos de unos niños que crecieron y olvidaron las tardes y noches de emociones, miedos y alegrías escuchando los relatos de sus padres y abuelos?
¿Será cierto que los mitos son una reliquia del pasado, que sólo interesa a estudiosos de la historia de la cultura y el arte, la pintura, la música, la danza, la escultura y la arquitectura?
¿Quedarán los cuentos, sagas y leyendas, únicamente, para las superproducciones cinematográficas y los espectáculos de masas?
Podemos responder de forma simple a estas preguntas con un "sí" o un "no". Pero la contestación requiere muchos matices, pues muchos son los estudios y análisis que desde todos los ámbitos han realizado los especialistas en psicología, sociología, antropología, pedagogía, psiquiatría, arte, historia, economía y literatura.
Las palabras y el "misterio" de cuentos, leyendas y mitos resuenan y mueven "algo" dentro de nosotros. Su fuerza despierta y vuelve a manifestarse cuando un buen narrador, artista de la palabra, los vuelve a contar y recrea su ambiente mágico, o sabe transmitir su poder de encantamiento a la imagen y el cine.
Nos atrapa lo que nos emociona; nos hace vibrar lo que nos hace sentir, intuir, pensar, encontrar nuestro lugar, lo que no nos deja indiferentes, lo que nos acerca a la vida.
¿Será acaso que los dioses, héroes, hombres y seres fantásticos juegan la aventura de la vida en el territorio de los sentimientos confusos, oscuros, vivos, fuertes, deslumbrantes e impetuosos? Será acaso que el juego enigmático de los mitos es el juego de la vida en el territorio de lo que verdaderamente tiene peso: sentir, emocionarse, comprender, salir de lo incoloro, de lo insípido, de lo que no tiene tacto, en la aventura personal y colectiva de delimitar, construir y encontrar el territorio de lo humano y lo no humano.
Los cuentos, leyendas y mitos nos llaman desde su cercana lejanía con su enigmático, misterioso, complejo y arcano muestrario de relaciones humanas: la amistad, el odio, la envidia, el poder, el amor, la brutalidad, la fuerza, la generosidad, la sexualidad, el fracaso, el éxito, la vida y la muerte, la dificultad, el paso del tiempo, el azar, el destino, la incertidumbre, las etapas de la vida, la superación, el engaño, la seducción, la equivocación, la caída, la vuelta a empezar, la compasión, el respeto, la admiración, la excelencia, la mentira, la falsedad, el coraje...
Volver la vista a los mitos y leyendas del pasado, y a los cuentos de ayer y de siempre, es acercarse a la vida, es contemplar nuestra historia y nuestro pasado, y a la vez es mirar de cara nuestro presente, porque el juego de la construcción de la vida, la individual y la de los grupos de los que formamos parte, es nuestra verdadera aventura
Es mirar también los mitos, cuentos y leyendas del presente, en nuestra sociedad de imágenes brillantes y espectáculos con envoltorios deslumbrantes, verdaderos protagonistas de las aventuras de las nuevas máquinas de seducción: el cine, la publicidad, la televisión, los juegos electrónicos e Internet.
¿Nos seducen o nos embaucan, nos lanzan a la vida o nos hipnotizan, nos hacen sentir o nos aprisionan, nos humanizan o nos emboban?.
También hay un interesante trabajo que señala, que un estudio sobre los Mitos folclóricos que nos presenta un conjunto de creencias brotadas del fondo emocional, las cuales se expresan en un juego de imágenes y de símbolos y se manifiestan como una fuerza operante en la sociedad. El conocimiento de los mitos equivale en algunos pueblos a llegar al secreto de origen de las cosas y a la adquisición de un poder mágico sobre ellas, gracias al cual se logra dominarlas, multiplicarlas o reproducirlas a voluntad. El mito se presenta como una realidad viviente de la que se cree, acaeció en los tiempos originarios, e influye continuamente en el mundo y el destino de los hombres.
Los mitos boyacenses han sido transmitidos por tradición y aparecen en nuestro presente como supervivencias del pasado. Algunos son chibchas, con raíces milenarias muy profundas en pueblos asiáticos y oceánicos. Otros son españoles, con profundas raigambres europeas, traídos a estas tierras en los siglos del coloniaje.
Uno de los aspectos que relaciona los mitos boyacenses con los colombianos y latinoamericanos, es el sentido general en la relación de los dioses tutelares o personificaciones de las fuerzas naturales que gobiernan la vida de los pueblos y los campos. Todo objeto extraordinario en la naturaleza es supuesto como poseedor de un núcleo o una esencia espiritual, la cual desempeña un papel activo en la existencia de lo que rodea y comprende a los hombres. Los dioses tutelares o mitos populares se pueden presentar como enemigos temibles o grandes amigos de las gentes.
Los campesinos boyacenses respetan profundamente los lagos, las montañas y las rocas; ninguno habla de nadar en dichos lagos, y ni siquiera de lavar allí sus ropas. Consideran que los "espíritus" o los "encantos" están vinculados a los fenómenos físicos, los ríos, las montañas y las lagunas; inclusive cuando pasan cerca de ésta, hacen la señal de la cruz. Algunos campesinos boyacenses creen que los espíritus del agua no solo viajan bajo la tierra, sino también toman fuerza humana y caminan de un lugar a otro; piensan que los espíritus de la montaña son más feroces en las horas nocturnas y mucho más los viernes de semana santa.
Según los campesinos mestizos de las cercanías de la laguna de Fúquene, el dios tutelar Fú se opuso a la construcción del ferrocarril que el gobierno hizo entre Zipaquirá y Chiquinquirá. Cuentan los campesinos que cuando la obra llegó a bordear la laguna, los trabajadores tuvieron muchos problemas, pues de un día para otro la obra aparecía destruída sistemáticamente. Pero como la constancia de los trabajadores era Infatigable, cuentan los campesinos, que un día con su paciencia ya agotada, el mito del agua apareció ante los hombres en forma humana y. les dijo: "Ustedes están invadiendo mi palacio", y en forma amenazante desapareció: No sobra decir que los aterrados trabajadores decidieron prudentemente trasladar el terraplén del ferrocarril a otro lugar. (43)
Cuando en abril de 1972 se desbordó la "Laguna Negra" o del Carrizal, en el río Arcabuco cerca de Tunja, y fué la causa de una gran inundación en toda la región, muchos campesinos boyacenses creyeron en la ira de los espíritus de
Otros mitos chibchas del Altiplano cundiboyacense son dignos de mencionar: el mito sobre la creación del sol y la luna; los mitos de Nemqueteba y Bochica; el mito del origen del Salto de Tequendama, el mito de Chiminigagua o creador y otros.
En Boyacá encontramos gran diversidad en los mitos folclóricos, la mayoría de los cuales son comunes en Colombia y en otras áreas de Hispanoamérica. Entre ellos destacamos los siguientes:
El Cucacuy, es un mito del Valle de Tenza que se presenta como un hombre fabuloso que sale desnudo por las noches a calentarse en las parrillas. Lleva siempre en la mano un largo bordón en cuya extremidad pende un calabazo que encierra varios demonios. Silba de un modo especial en la uña del pulgar, para que tal efecto se deje crecer; las gentes creen que se trata de un varón no bautizado y que tiene pacto con el diablo.
Otros mitos campesinos se han registrado en Boyacá, como en otras regiones de Colombia: El Jigura o patas,
Los mitos, en las ciudades están relacionados con los ESPANTOS. Tunja ciudad colonial presenta diversos espantos mitológicos que han llenado el terror de los tunjanos en muchos años. Señalamos entre ellos: el farol de las Nieves, el espanto del Panóptico, el perro de San Francisco, el espanto de
EL FAROL DE LAS NIEVES. Se trata de un espanto legendario que aparece como un "farol" o bomba luminosa que sale de la iglesia de las Nieves, a una altura de unos diez metros, suspendido en el aire, con rumbo caprichoso, pero en dirección de la plaza principal. Se detenía en algunas casas cercanas a la catedral. Este espanto tiene relación con la famosa "emparedada", una joven que recibió el castigo de su padre por buscar un matrimonio a disgusto y a escondidas. Conocedor el padre de este problema, salió con un farol en busca de su hija por la calle que va a la catedral, y al no poder convencerla, determinó emparedarla en una alacena que existía en una de las piezas de la habitación. Con el tiempo surgió el farol de luz amarillenta que recorría la ciudad y sus contornos.
EL ESPANTO DEL PANOPTICO es un espanto de la antigua Penitenciaría de Tunja, en el antiguo convento de los Agustinos, hoy en ruinas. Aparecía en los viernes santos y el 2 de noviembre de los difuntos; las gentes veían salir de la antigua sacristía de la iglesia, la extraña figura de un monje que se dirigía a lo largo del corredor. Si alguien se interponía al monje, éste se le avalanzaba y lo arrojaba al patio con violencia. Veían un fraile vestido de negro con capucha y mangas anchas, con un cordón o cinto al lado; al verlo encontraban una calavera bajo la capucha.
EL PERRO DE SAN FRANCISCO, se trata del espanto del perro de piedra que existía en el antiguo convento de San Francisco, el cual pasó posteriormente al Batallón Bolívar. Este perro era de gran tamaño y se presenta sentado mirando hacia el muro oriental. Los tunjanos creían que en horas avanzadas de la noche, se sentía un extraordinario terror cerca del perro: escuchaban sus aullidos, el arrastre de cadenas, ladridos terribles y ojos con fuertes luces.
EL ESPANTO DE
EL TOQUE DE LAS ANIMAS en la iglesia de San Francisco, aparece en la segunda mitad del siglo XIX después de regresar los religiosos a sus conventos abandonados en los años de
LOS ESPANTOS DE DOMINICOS Y FRANCISCANOS. En algunas casonas coloniales de Tunja existen las consejas sobre las apariciones de monjes. Ven monjes corriendo las piezas y corredores; se detienen en determinados sitios y dan golpes, con gran terror para quienes los escuchan. En algunos casos los tunjanos veían monjes asomados en las ventanas; en otras insistiendo para que los sacaran de penas y descubrieran los tesoros ocultos.
LOS DUENDES. Un mito muy generalizado en Boyacá como en muchos lugares de Latinoamérica es el de los Duendes. Son seres míticos traviesos que aparecen en los campos, en los pueblos y hasta en las ciudades, y son considerados como seres míticos traviesos. En las minas los duendes aparecen entre los trabajadores en formas de enanos con vistosos y llamativos trajes; arrojan lluvias de piedras sobre los techos de las casas en donde quieren cebarse; en los campos persiguen las mozas casaderas; se roban las provisiones; abren las corralejas de los terneros, se ríen en los cielos rasos y esconden las escobas. Los duendes gustan de las casas viejas, correr baúles para asustar a los habitantes, etc.

milton dijo
usted sabe endonde salio el sonbreron
11 Octubre 2007 | 09:32 PM